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ADHERENCIAS

Bajar/al

cuerpo

cuando/cada vez

hallar

la máquina

oírla

es/el espanto.

*****

Lágrimas no. Tan

sólo      a veces        un

sobresalto

proyecta al cuerpo contra el muro

(de una casa poe dentro

-o fuera, es lo mismo)

Ah, y también la naúsea.

Al abrir los ojos

cada mañana

la naúsea

y la marea del miedo

subiendo entre los juncos.

*****

La verdad no      ¡el aire!

Para abrir

a

g

u

j

e

r

o

s

por los que introducir

la cabeza           y mirar

hacia otro lado.

*****

Los ojos en las estrellas…

¿Había nubes?

Pájaro de alas rotas

Mi hijo

*****

Yo es lo que acompaña el goteo

de la mente

que a veces destila lenta otras

precipitada.

¿Y la conciencia?

De tantas gotas una

gota

más.

*****

Péndulo. Vaivén que nos sostiene

en equilibrio entre los husos.

El mí es la constante de sus variaciones.

*****

Irrevocablemente urdida entre los pliegues

me convoco.

¡Escuchad: no somos!

No hay nadie tras los pliegues.

El mí es un compendio de gestos habituales.

No es algo que ocurre.

Tan sólo lo es aquí        tan

sólo aquí.

*****

Ofuscada       dis

traída de la acción

rutina

araña errática

en su afán por

seguir tejiendo

acierta

justo allí

donde el desgarro.

*****

Vendados pies y manos.

Cuerpo como lanzadera.

No nos han preparado para este juego.

*****

En una de las que serían sus últimas noches de  libertad,

Freidrich Nietzsche sale de su alojamiento en el número 20

de la calle Milano. Es enero en Turín, y hace frío. Aprieta

el nudo de la bufanda en torno al cuello de su abrigo. Va a

cruzar la calle cuando, ante él, un caballo se desploma. El

cochero, impaciente, lacera a latigazos el lomo del animal,

que no puede tirar de la carga. El filósofo corre hacia él, se

abraza a su cuello y, llorando, le pide perdón en nombre de

la humanidad.

La Historia considera este episodio como uno de los

síntomas de la locura.

*****

Desandar lo andado. Aspirar a encontrar un pueblo sabio,

un pueblo antiguo, un pueblo elefante, cuya fuerza no estuviese

al servicio de la agresión, la conquista o el poder, que

tan sólo exigiese que se respetara su derecho de paso: el

camino sagrado por el que la manada atraviesa los territorios

sin dañarlos.

Hallar un pueblo sabio. Desear salvar la tierra si tan sólo se

hallase uno.

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