Home

Puesto que mi intención aquí se dirige solamente a la filosofía moral, limitaré la cuestión mencionada anteriormente a la siguiente pregunta: ¿no se cree que es de la más urgente necesidad elaborar de una vez por todas una filosofía moral pura que esté completamente limpia de todo cuanto pueda ser empírico y pertenezca a la antropología? Pues, en efecto, que tiene que haber una filosofía así resulta evidente por la idea común del deber y de las leyes morales. Todo el mundo debe admitir que una ley, si ha de poseer un valor moral, es decir, como fundamento de una obligatoriedad, debe incluir una necesidad absoluta; que el mandato no debes mentir no posee una validez limitada a los hombres como si pudieran desentenderse de él otros seres racionales (y así con las demás leyes propiamente morales); que, por consiguiente, el fundamento de la obligatoriedad no debe buscarse en la naturaleza humana o en las circunstancias del universo que rodean al hombre, sino a priori, exclusivamente en conceptos de la razón pura, y que cualquier otro concepto que se fundamente en principios de la mera experiencia (incluso un precepto en cierto sentido universal pero que descanse, aunque sea en una mínima parte -por lo que atañe a su motivación-, en un basamento empírico) podrá considerarse, en todo caso, una regla práctica, pero nunca una ley moral.

Así pues, las leyes morales y sus principios se diferencian, por lo que se refiere al conocimiento práctico, de cualquier otro conocimiento que contenga algo empírico, lo que resulta esencial, además, porque toda la filosofía moral descansa completamente en su parte pura, y, cuando es aplicada al hombre, no toma absolutamente nada del conocimiento de éste (antropología), sino que le da, como un ser racional que es, leyes a priori. Estas leyes requieren, ciertamente, una capacidad de juzgar bien contrastada por la experiencia para saber distinguir en qué casos tiene aplicación así como para procurarles acogida en la voluntad del hombre y energía para su realización, puesto que el hombre, afectado por tantas inclinaciones, es capaz, sin duda, de concebir la idea de una pura razón práctica, pero no le resulta tan fácil hacerla eficaz en concreto en el curso de su vida.

En consecuencia, una metafísica de las costumbres resulta indispensablemente necesaria, y ello no sólo por razones de orden especulativo para descubrir la fuente de los principios prácticos que están a priori en nuestra razón, sino porque las costumbres mismas están expuestas a todo género de corrupciones en el momento en que faltan ese hilo conductor y esa norma suprema para su exacto enjuiciamiento. Y es que no basta con que lo que debe ser moralmente bueno sea conforme a la ley moral, sino que tiene que suceder por la ley moral, pues, de lo contrario, esa conformidad será muy contingente e incierta y puede no evitar que un fundamento inmoral pueda producir a veces acciones conforme a la ley, aunque más a menudo las produzca contrarias a ella.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s