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Éramos el uno para el otro una absoluta trasparencia. Aún lo somos; mi cólera nos separa: le será fácil desarmarla. Necesitaré un poco de paciencia: después de los períodos de agotamiento viene la bonanza. El año pasado también trabajaba frecuentemente por las noches. Sí, pero yo tenía a Lucienne. Y, sobre todo, nada me atormentaba. Bien sabe él que en este momento no puedo leer ni escuchar discos, porque tengo miedo. No dejaré ninguna nota en el vestíbulo, pero hablaré con él. Al cabo de veinte -veintidós- años de matrimonio, una concede demasiado al silencio: es peligroso.

 

**********

 

Había puesto más ardor que yo en concluir nuestro pacto; nada de compromiso, nada de licencia. Íbamos en coche por el camino de Saint-Bertrand-de-Comminges y él me abrazaba: “¿Te colmaré siempre?”. Se irritó porque yo no contestaba con bastante ardor. Él me colmó, no he vivido más que para él. ¡Y él, por un capricho, ha traicionado nuestros juramentos! Me decía a mí misma: exigiré que rompa, enseguida… (…) “Voy a exigir que rompa”. ¿Pero qué significa la palabra “exigencia” después de toda una vida de amor y cordialidad? Nunca he pedido para mí nada que no quisiera también para él.

 

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Me reprendió, afectuosamente pero con un fondo de irritación. ¿Por qué no veo a mis amigos? ¿Por qué no he ido al cine? Me citó cinco películas para ver. Es imposible. Hubo un tiempo en el que podía ir al cine, incluso al teatro, sola. Es que no estaba sola. Estaba su presencia en mí y alrededor de mí. Ahora, cuando estoy sola, me digo: “Estoy sola”. Y tengo miedo.

 

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Insistió en que volviera a escribir este diario. Comprendo bien su truco: intenta devolverme el interés por mí misma, restituirme mi identidad. Pero para mí nada más que Maurice cuenta. Yo, ¿qué es eso? Nunca me he preocupado mucho de mí. Estaba garantizada puesto que me amaba. Si ya no me ama… Únicamente el paso me preocupa: ¿por qué he merecido que ya no me ame? O no lo he merecido, es un canalla, ¿y no habría que castigarlo y con él a su cómplice?

 

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-Pero mamá, al cabo de quince años de matrimonio, es normal que uno deje de querer a su mujer. ¡Lo contrario sería lo sorprendente!

-Hay gente que se quiere toda la vida.

-Aparentan.

-Escucha, no me respondas como los otros, con generalidades. Es normal, es natural: no me satisface. Seguramente he cometido errores. ¿Cuáles?

-Has cometido el error de creer que las historias de amor duraban. Yo ya lo he comprendido; en cuanto empiezo a apegarme a un tipo, me busco otro.

-¡Entonces no amarás nunca!

-Seguramente no. Ya ves a dónde lleva.

-¡Para qué vivir si uno no ama a nadie!

 

**********

 

 

Estoy sentada. Y miro esas dos puertas: el despacho de Maurice; nuestra habitación. Cerradas. Una puerta cerrada, algo más acecha detrás. No se abrirá si no me muevo; jamás. Detener el tiempo y la vida.

Pero sé que me moveré. La puerta se abrirá lentamente y veré lo que hay detrás de la puerta. Lentamente. Implacablemente. Estoy en el umbral. No hay más que esa puerta y lo que acecha detrás. Tengo miedo. Yo no puedo llamar a nadie en mi auxilio.

Tengo miedo.

 

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