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Muchas de las secreciones ováricas tienen su finalidad en el óvulo, en su maduración, en la adaptación el útero a sus necesidades; para el conjunto del organismo son un factor de desequilibrio más que de regulación; la mujer está adaptada más a las necesidades del óvulo más que a ella misma. De la pubertad a la menopausia, es la sede de una historia que se desarrolla en ella y que no la implica personalmente. Los anglosajones llaman a la menstruacción _the curse_, “la maldición”; efectivamente, no hay en el ciclo menstrual ninguna finalidad individual.

 

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Casi todas las mujeres -más del 85%- presentan  trastornos durante este periodo. La tensión arterial sube antes de que comience el sangrado y baja después;  la velocidad del pulso y a menudo la temperatura aumenta (son frecuente los casos de fiebre); el abdomen se vuelve doloroso;  se observa a menudo una tendencia al estreñimiento seguido de diarreas; a menudo también aumenta el volumen del hígado, hay retención de urea, albuminuria; muchos sujetos presentan una hiperemia de la mucosa pituitaria (dolor de garganta) y algunos trastornos de la vista y el oído; la secreción de sudor aumenta y se acompaña al comienzo de las reglas con un _sui generis_ que puede ser muy fuerte y durar toda la mesntruación. El metabolismo basal sube. El número de glóbuloas rojos disminuye; sin embargo, se encuentran en la sangre sustancias que generalmente se almacenana en los tejidos, en particular sales de calcio; la presencia de estas sales provoca reacciones en el ovario, la tiroides, que se hipertrofia, la hipófisis, que controla la metamorfosis de la mucosa uterina y cuya actividad aumenta; esta inestabilidad de las glándulas provoca una gran fragilidad nerviosa; queda afectado el sistema central y a menudo aparecen cefaleas, y el sistema vegetativo reacciona de forma exagerada; disminuye el control automático del sistema central, lo que libera reflejos, complejos convulsivos, que se traducen por un humor sumamente inestable: la mujer se muestra más emotiva, más nerviosa, más irritable, que de costumbre y puede presentar trastornos psíquicos graves. En este periodo es cuando más vive su cuerpo como una cosa opaca, alienada; es presa de una vida obstinada y extraña que hace y deshace cada mes una cuna en ella; cada mes un niño se prepara para nacer y aborta con el desprendimiento de los velos rojos: la mujer, como el hombre, es su cuerpo: pero su cuerpo es una cosa ajena a ella.

 

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Si la integridad fascina al hombre, no es porque simbolice  la virginidad femenina; es su amor por la integridad lo que convierte la virginidad en algo precioso  para él. El trabajo, la guerra, el juego, el arte, definen formas de ser en el mundo que no se dejan  reducir a ninguna otra; descubren cualidades que interfieren con las que revela la sexualidad; el individuo se elige a un tiempo a través de ellas y a través de estas experiencias eróticas; pero solo un punto de vista ontológico permite recomponer la unidad de esta elección.

 

 

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El mismo desarrollo de la economía a partir del gran cambio que supuso el maquinismo debe liberarlos a los dos. El problema de la mujer se reduce al de su capacidad de trabajo. Poderosa cuando las técnicas estaban adaptadas a sus posibilidades, destronada cuando se vio incapaz de explotarlas, recupera en el mundo moderno su igualdad con el hombre. Las resistencias del antiguo paternalismo capitalista impiden en la mayor parte de los países que esta igualdad de convierta en una realidad concreta: lo será el día en que se rompan  estas resistencias. Ya lo es en la URSS, afirma la propaganda soviética. Cuando la sociedad socialista sea una realidad en el mundo entero, ya no habrá más hombres y mujeres, sino trabajadores iguales entre sí.

 

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El privilegio económico que disfrutan los hombres, su valor social, el prestigio del matrimonio, la utilidad de un apoyo masculino, todo empuja a las mujeres a desear ardientemente gistar a los hombres. Siguen estando en su conjunto en posición de vasallaje. El resultado es que la mujer se conoce y se elige, no en la medida en que existe para sí, sino tal y como la define el hombre. Tenemos, pues, que describirla primero tal y como la sueñan los hombres, ya que su “ser para los hombres” es uno de los factores esenciales de su condición concreta.

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