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RABAT (I)

DESARRAIGO

Guardo todo porque todo me señala.

ALBA GONZÁLEZ SANZ

Cuando viajas,

los objetos que llevas contigo

se vuelven símbolos:

fuera de contexto,

cualquier cosa puede ser una metáfora.

Por ejemplo:

el abrigo que cuelga del perchero

de este país con sol.

Por ejemplo:

las zapatillas que tejió tu amiga para que hubiera siempre casa y nunca frío

o una postal que llega desde muy lejos, como de otro tiempo.

Por ejemplo el cuadro del peregrino que has ido colgando en todas tus paredes.

Eso por no hablar de las fotografías.

Te preguntas si esta es la razón por la que dicen

que los viajeros más sabios llevan poco equipaje.

 

**********

 

FEZ (II)

BALCONES, SAETERAS, CELOSÍAS, VENTANAS ABIERTAS

 

En el Mellah

-ciudad de exiliados dentro de la ciudad,

barrio donde se come con otras normas-,

los antiguos judíos

tenían amplias balconadas para que entrara en casa la claridad.

Sacudían sus alfombras a los rayos del día,

sus mujeres se ataban pañoletas negras en la cabeza

y se mostraban, atareadas,

a los vecinos que se acercaban a comprar oro,

a comprar sal,

a vender telas.

Grandes galerías abrían los ojos

ante el pesado paso de los mulos,

ante la llegada de mayo:

viejas mecedoras esperaban

las mañanas tranquilas de las madres y los niños.

Pocas calles más arriba,

pasada ya la puerta de los soldados,

la vieja medina, intrincada, en sombra,

ofrece sus paredes blancas, ciegas.

No hay ventanas en los muro árabes:

el umbral se abre siempre a un pasillo vacío.

Pero dentro,

en el corazón de la morada,

grandes jardines se enredan como selvas domésticas,

la mañana se derrama a través de la ausencia de techo

y Fátima cierra en el patio los párpados

para que le dé en la cara el sol.

Lo primero que hicieron los viejos fesíes

al instalarse en el desierto barrio del Mellah

fue tapiar las ventanas.

Cartones y tablas cegaron

las cristaleras.

Tallaron claraboyas y empezaron

a no cerrar las puertas.

Balcón, saetera, celosía, ventanas abiertas:

el derecho de los pueblos

a gestionar su luz.

 

**********

 

RABAT (II)

GACELA DE TI QUE VIENES

 

Porque llegas se nombra

la ciudad por sus luces,

porque llegas se tornan

en guitarras las cruces.

Porque llegas me visto

con mis ropas de niña,

porque llegas recojo

el amor de las viñas.

Porque llegas mi cuerpo

se preparara a la noche.

Porque llegas acallan

los temores sus voces.

Porque ya estás llegando

se adelanta la risa.

Porque ya estás llegando.

Porque estás aquí siempre

cabe el viaje

y cabe el canto.

 

**********

 

CASABLANCA

ESTACIONES, AEROPUERTOS

 

Nos decimos todo el tiempo:

Amor, no dejes de quererme,

por favor,

no me olvides.

Queríamos decir:

Mi amor, no mueras nunca,

te lo ruego,

no te vayas de mí.

Inventamos cosas así

(abandonos,

elecciones,

despedidas,

el miedo a las cruces)

como si llegáramos a creer

que tenemos el timón entre las manos.

 

**********

 

ALHUCEMAS

HOJA PERENNE VERSUS LOS NOMBRES DEL PODER

 

No nos llaméis primavera

si con eso queréis decir joven flor de los encarcelados,

hermosura que no va a durar.

Somos el brote verde

pero también

la hostilidad impenetrable del invierno,

la tenaz pesantez del verano,

un otoño que despoja de su peso a las ramas para que renazcan mejor.

Llamadnos todos los nombres del año.

No nos llaméis jardín.

 

**********

 

TANGER PORT/EPÍLOGO

DESEO QUE SE PIDE AL VER ZARPAR UN BARCO

 

Vivir

en estado de viaje:

aprender

a estar aquí sin saber dónde estaremos luego

a entregarse al azar de los encuentros, al horóscopo de los asombros

a recibir con brazos abiertos las tormentas

olvidar

la norma del reloj

el plan de la costumbre

contar lo que se ha visto

mirar con atención

recordar

que los pasos atrás solo existen

si se sigue un trayecto marcado por otros.

Caminar.

 

**********

 

Si no hay historia desde el punto de vista de los nómadas es porque las palabras que traman los anales no se cuentan para ellos entre las categorías que dibujan el mundo.

(Reivindicar esta filiación para heredar su desapego).

 

**********

 

Desde el punto de vista de los nómadas, territorio es una posibilidad abierta.

Desde el punto de vista de los nómadas, el tiempo no se mide, se cuenta.

La frontera, desde el punto de vista de los nómadas, es algo junto a lo que se pasa como junto a un saludo en un idioma que se desconoce, con una indiferencia exenta de rencor y de miedo, con una curiosidad que no contiene deseo ni penuria.

 

**********

 

Distinción: ¿es nómada quien se va por la miseria del aquí?

Hoy, en nuestras ciudades trazadas sin dejar sitio para el camino, ¿quién es el nómada?

En el régimen monetario de la circulación de personas, ¿quién es el nómada?

En el ideal consumista e individual del desarraigo, ¿quién es el nómada?

Distinción: ¿es nómada quien se va siguiendo sueños dorados?

 

**********

 

Ocurrencia: ¿este tiempo débil nos hace necesariamente nómadas?

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Un pensamiento en “_Las señales que hacemos en los mapas_, de Laura Casielles

  1. Pingback: _Se dice poeta_, el documental | La rescisión de Platón

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