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APARICIONES FUGACES DE

PRODIGIOSA DURACIÓN

Súbditos de regiones clausuradas,

lejos de la verdad

de cada cosa,

malgastamos el tiempo en este exilio

en el vano país

de lo evidente:

esta enorme prisión,

este baile deshabitado.

Pero un niño secreto vive

bajo las máscaras.

A veces asoma su sed

yugular, descubre sus ojos primordiales,

y nos reconocemos:

vislumbramos en su inocencia libertaria

qué somos, quiénes.

La vida ocurre entonces:

hallazgo, sentido, reunión,

certeza de ser, la justicia

de un respiración tan verdadera

en los resucitados.

Ese niño secreto

se asfixia en la maleza de ilusiones,

se araña en signos huecos, mentirosos,

es por eso que nos implora

y susurra al oído su plegaria

como si nos dictase

la letra de canciones imposibles:

Habría que esquivar la muerte,

sus fauces tan abiertas,

vivir la horas

en crudo, de asombro en asombro.

Habría que nacer, darse a nacer,

tener la audacia

de aquiestar el mundo,

probar a lo que sabe algo sin nombre,

apoyar las dos manos en su vértigo.

Sólo somos si somos aventura.

Sólo lo fugitivo permanece.

Pero no escuchamos bien qué dice

-hay quizás demasiado ruido-

y no entendemos nada, nada.

¿Lograremos hoy el milagro

de la revolución de la materia?

¿Arribaremos absolutos,

íntegros, a los otros?

¿Podremos hoy vencer los miedos

y ver más claro, hacer verdad?

Casi todo nos pasa inadvertido.

Un niño prisionero se hace sangre.

**********

CRIATURAS

Hay palabras que van y vienen de uno a otro lado

casi sin notarse, como la luz unta el día,

cumpliendo un pacto antiguo.

Hay palabras que que languidecen igual que amores

que decaen, tristes, en anemia o burocracia,

fatigados de pérdida.

Hay palabras que se comprenden en los severos

dominios del invierno, palabras malheridas,

infaustas cortesanas en los fueros de un rey cruel.

Hay palabras como fúnebres farsas o sombras

sin figura o guiñapos en los fauces de cachorros,

palabras vencidas por su propio veredicto

igual que barcos que tan sólo trasladarán

enfermedades infecciosas de isla a isla.

Hay palabras que huyen en barcazas de ciprés

por el río de la misericordia, audaces,

prófugas, sin reposo.

Hay palabras como peces turbios en un lago

de dolor cristalino.

Hay palabras dulces masticando sal.

Hay palabras que son cisnes nadando aguas extintas.

Hay palabras como hormigas en el mar

que intentan alcanzar la tierra.

Hay palabras imantadas, clérigas de arcaicos

saberes, muy turbadoras palabras con alas

de perro, tan diestras en

hablar desde otro tiempo y nacer en este instante.

Hay palabras que golpean tenaces la puerta

de tu casa con la sombra de sus puños. Insisten,

como la lluvia sobre las lápidas insisten,

precisas, feroces.

Hay pecios del ruido del mundo, palabrería.

Hay palabras como palomas que se disputan

migajas de este cielo.

Hay palabras con nariz de payaso, palabras

como gafas de ver.

Todas, todas ellas devoran

implacables, cruciales, el país de lo sin nombre,

todas imponen su presencia arrogante, convierten

el oro del misterio en piedra pura.

**********

COMO LA MARIPOSA POSADA EN LA ALAMBRADA,

INDIFERENTE A LA NOCIÓN DE MUERTE

El instante que media

entre una pregunta y su respuesta,

ese segundo de vacilación

propiedad de lo aún no concebido,

ese intervalo de vacío

en que respiran codiciosas,

como animales fabulosos sin rostro,

las posibilidades.

**********

COMO EL VIAJERO QUE NUNCA REGRESARÁ

DE SU ÚNICO VIAJE (EL DELICADO PAPEL EN

EL QUE SE ESCRIBE LO IMPRESCINDIBLE)

I

Buscar, buscar, buscar.

Atravesar cada frontera por el paso de los furtivos.

No tener nada, no romper nada, no esperar nada.

Desear sin tregua más vida, más vidas.

II

Buscar, buscar, buscar.

Equivocarse de la misma manera que el fuego

cuando persigue la verdad de las nubes y el humo.

Sobrevivir al cerco, a la acechanza.

Dejarse guiar por comunicaciones decisivas:

peces que saltan desde las aguas subterráneas del sueño,

gotas de ámbar en los sótanos del corazón.

Decirlo todo.

Morir de otra manera.

III

Desposesión, desposesión, como un mantra.

Observo el humo.

Observo el humo.

Intento aprender.

IV

Hay una casa en la música del desorden:

cada filo del tiempo es allí

un animal que nadie ha mirado, nunca,

algo precioso y escaso,

rutilante, sensual, entre los dedos,

como pedacitos de un dios.

V

Pedacitos de un dios, pedacitos de un dios,

siempre estamos con la misma metáfora.

Queremos decir: credenciales, bendiciones.

Queremos decir: curarse las heridas,

volver al mundo.

Queremos decir: calles de todos los días

convertidas en un nuevo misterio,

luz en los oscuros corredores.

Queremos decir: tan tierna revelación, cordura.

Queremos decir: verdad. No los periódicos del reino de la boca de cualquiera: verdad.

Queremos decir: este asombro, este asombro.

Queremos decir: oxígeno, y también: no hay lugar sin cielo, y también: hay tanto que caminar.

Queremos decir: ráfagas de gracia para los mendigos, ración de gloria y

no llanto, no lo que está al fondo de lo triste, no golpe, no fraude, no

muerte, no los lazos entre lo letal y nosotros, no apocalipsis ahora.

Queremos decir: maletas para viajar por el frío.

Queremos decir: vida más acá de la mentira,

desmintiendo.

Queremos decir: ardides y juegos

al pie de la horca.

**********

LA TRAICIÓN DE LOS GALLOS DEL AMANECER

Hay tramas que se tejen con hilo de pureza

salvaje, hay pactos que atraviesan el dolor,

hay cuerpos más importantes que la vida, pero

no, no hay conjuro que detenga el amanecer.

Aún así los amantes se acogen a los últimos

jirones de la noche, elevan frente al alba

la estatura de sus súplicas. Mirad:

merecerían que nunca rompiera la aurora.

Ella se vierte desde el vestido consumida

por la belleza, habla en un delicado código

de evasión y lluvias. Él quiere aprenderla

con diez labios, conocer para siempre la savia

del prodigio. Desean que todo sea encuentro:

rehuyen la obediencia (allá los obedientes:

ellos también tendrán desasosiego) y pugnan

por volverse la misma cosa: noche en la noche,

agua en la corriente, puzzle de una sola pieza.

Se dicen: no nos moveremos nunca de aquí.

Se dicen: nuestros cuerpos no se evaporarán.

Se dicen otras palabras sin putrefacción,

recién nacidas, sanadoras, susurros como

un delirio o un sueño. Pero no, no hay excepciones,

no hay conjuro que detenga el amanecer,

sus agujas de nieve. Ellos son en esta hora

los más osados de entre los combatientes,

los más hermosos caídos en la sublevación.

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